PARQUE NATURAL DE MONFRAGÜE |
| El hombre habitó en Monfragüe
desde la más remota antigüedad, tal y como nos lo desvela
la cueva prehistórica de al pie del castillo, hallada en el año
1970. Sus pinturas rupestres pertenecen a la edad del Bronce, dos mil
años antes de Jesucristo, en ellas el hombre prehistórico
plasmó con sangre animal escenas de caza y escenas familiares,
además del número de miembros que ocupaban la cueva en
cuestión. Actualmente están cerradas al público
para una mejor conservación. También existen otras guaridas naturales desperdigadas por el roquedal circundante, ya que el hombre primitivo sabía donde debía instalarse para evitar peligros. Dada la seguridad que ofrecía el paraje los romanos hicieron acto de presencia y construyeron habitáculos en los que resguardarse. Para ellos pasó a ser Monfragorum. |
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Tras la invasión árabe, el Monfragorum
romano pasó a denominarse Al-Monfrag. Fue entonces, en el siglo
IX cuando comenzó la construcción del castillo, éste
pese a ser más bien pequeño, quedó compuesto
por cinco torreones y dos recintos amurallados.
En el siglo XII, hay otro cambio de nombre debido a la reconquista cristiana a cargo de Fernando II de León en el año 1172, el nombre Monfrag. La fortaleza fue cedida a la Orden de Santiago, quien, a su vez, encargó su defensa a unos caballeros que acababan de llegar de Palestina con la imagen mariana de Nuestra Señora de Monte Gaudio, la cual quedó instalada junto al castillo, donde recibía constantemente veneración por parte de los religiosos, quienes impusieron el nombre del castillo no sólo a la Virgen, sino también a su propia Orden de Caballeros. En 1221, la orden Calatrava absorbe a la de Monfrag por orden de Fernando III el Santo. A Fernando III le sucedió Sancho IV, bajo cuyo mandato se establecieron las aldeas de Almonfragüe y Las Corchuelas, las cuales junto al gobierno del castillo se traspasaron al noble llamado Pedro Sánchez de Grimaldo. |
| En aquella época se comenzó
la construcción de un gran puente que atraviesa las aguas del
Tajo, en la confluencia del citado río con el Tiétar,
cerca del castillo. Las obras comenzaron en el año 1450. Según
las crónicas reales, cada una de las piezas, casi 30.000, fue
ajustada en una dobla de oro. Concluida la tarea, el mismo mandatario,
el cardenal Juan de Carvajal, lo bautizó como Puente del Cardenal,
prestando servicio a mercaderes, quienes vieron facilitado el comercio
entre las comarcas de Plasencia y Trujillo. Este comercio peligró
debido a los bandidos que aprovechaban el paso de los mercaderes por
el puente, lo cual no fue solucionado hasta el siglo XVIII con la construcción
de la aldea de Villarreal de San Carlos, mandada construir por Carlos
III, donde se instalaron las tropas que protegerían al viajero
del asalto. La guerra de la Independencia trajo como consecuencia la práctica destrucción del castillo. Hoy en día sólo queda en pie la torre del homenaje, la cual fue restaurada en el año 1984-1985 por el Instituto de bellas Artes de Madrid. |